Soufflé de odio y fracaso (Mal Trago, Parte 2) 2


 


No Fear BN


A finales del 2015, recogiendo los sentimientos provocados por los atentados de París, escribí desde las tripas muchos de los pensamientos que cruzaban mi mente, los que rebrotan cada vez que soy espectador del dolor que causa el terrorismo de todo tipo. –El Tablero de los Muertos (Mal Trago, Parte 1) –

Desafortunadamente la realidad nos sitúa en la necesidad de tomarnos otro trago más, que no será el último por mucho que lo deseemos. La botella está llena de odio y los tragos que nos esperan serán numerosos. Soy fiel a mis costumbres y me gusta la conversación acompañada de una copa de vino y a ser posible entre fogones. Hoy, un vino extremeño, envejecido no menos de un año en barricas de roble, muy interesante en matices, de color rubí o alguna otra piedra preciosa (que yo me pierdo con los colores y el salmón sigo pensando, paleto de mí, que es un pez y no un color). Delicioso para mi paladar profano. (“Vallarcal”, para quien le interese)

Hoy preparo un plato único y sencillo, no por contundente sino porque no tengo mucho apetito, tengo las tripas levantadas con tanta mierda. Un soufflé es plato soplado, inflado, algo que cuando sale del horno se ha hinchado y ha multiplicado su volumen original, pero que suele bajar tras pocos minutos. Lo mismo que ocurre con los atentados en las ciudades europeas, se les da cobertura hasta la saciedad y luego no es que olvidemos que hayan ocurrido, por supuesto, pero sí nos desinflamos en buscar las verdaderas causas.

Es un soufflé sencillo, salado. De berenjenas. (Debajo os dejo la receta)

Atentado Bruselas 1Ahora le ha tocado a Bruselas. Mismo dolor y la amargura de la incomprensión. Conteo de víctimas, refuerzo de la seguridad, pérdida de libertades. Misma mierda, diferente lugar.
Atentado Bruselas 3

Tenemos que mirar más allá. El primer responsable de un asesinato es el asesino, sin fisuras. Es mezquino querer culpabilizar a los gobiernos occidentales de estos hechos, de igual modo que es estúpido pensar que no tienen nada que ver en el crecimiento de este fenómeno. Es un hecho que existe un enorme desafecto entre las comunidades de acogida y los que llegan de otros lugares profesando diferentes creencias religiosas. Ese es primer elemento: nunca se ha producido una verdadera integración y sería bueno que nos preguntáramos (huyendo de caminos fáciles) por qué esto es así. No podemos hacernos los sorprendidos. Barrios como Molenbeek (Bruselas) no se han formado de un día para otro, son un hervidero de odio, una comunidad con un porcentaje muy elevado de jóvenes que se sienten fuera de ambos mundos. Ya no les aceptan en sus países de origen y tampoco se han llegado a sentir nunca nacionales de los países de acogida. A su alrededor, los ideólogos, los perversos que afinan la maquinaria, seducen y captan a los hombres y mujeres dispuestos a morir por Al-lāh. No nos engañemos, muchos de los más terroríficos genocidas de la historia han sido personas con estudios y profesión. Los ideólogos, ese es otro elemento. Lo explica bien el antropólogo y fotógrafo Teun Voeten, en este artículo. Esa es la razón por la que los terroristas son identificados de forma rápida. Son todos conocidos y fichados. Muchos con un expediente delictivo previo.

El Soufflé ya ha subido, todas las recetas mágicas ya están en los medios.

Sin embargo, la realidad es terca, tanto que me temo que nos toca asumir que mientras exista un solo individuo en el mundo capaz de envolver con film material explosivo alrededor de su cuerpo y hacer de sí mismo un paquete bomba listo para explotar en lugares concurridos despreciando de forma absoluta su propia vida, vamos jodidos. Mucho. No hay soluciones mágicas, control suficiente, ni red de inteligencia capaz de frenar algo tan volátil y azaroso como la maldad humana y su capacidad de inventar soluciones para expandir su crueldad.

SouffléYa hemos sacado el soufflé del horno, pasa el tiempo y su volumen baja. Toca conocer las causas de esta barbarie… Baja más aún. Hay que pensar si lo estamos haciendo bien. No es un grupo de locos espontáneos. Lo sabemos.

Esto no se soluciona bombardeando países ni confundiendo una religión con sus fanáticos o unos refugiados que huyen de un país arrasado con un éxodo de terroristas. Los terroristas ya estaban aquí. Siguen aquí y han estudiado en nuestras escuelas, compartiendo las mismas calles y el mismo espacio que nosotros. La solución no es bombardear países ni firmar tratados de expulsión a Turquía. Los problemas que ahora tenemos vienen de ingeniosas “soluciones” del pasado.

En mi opinión, solo conseguiremos avanzar con otra estrategia. Información veraz, comunicación honesta e implicación de todos los ciudadanos contra la eficaz propaganda yihadista. Desactivar el odio. Lejos del planteamiento de grupos xenófobos como PEGIDA.

Por otro lado, con esfuerzos en educación y programas de integración un poco más realistas, que den iguales oportunidades a quienes ya se han aceptado como ciudadanos.

Me sigue llamando la atención que nuestros países, los occidentales, reyes de las campañas de comunicación eficaces, los listos que pretendemos vender cubitos de hielo a los esquimales hablándoles de las virtudes del packaging, no seamos capaces de trasladar determinados mensajes con mayor eficacia. Creo que nos sobran medios, así que deduzco que nos faltan ideas y creatividad. O, tal vez, verdadera voluntad. Ya hemos pasado por contar lo que la gente quiere oír y no cuela. También desde el poder se trabaja para orientar lo que la gente debe creer. Tampoco tragamos. Tal vez llegue el momento de hablar de la verdad, simplemente.

Por último atacando las lineas de financiación: Este es el tema jugoso, lo dejaremos para otra entrada. Somos capaces de desentrañar los más intrincados laberintos financieros, pero en este caso, ¿no funciona? ¿Se puede ser aliado del principal financiador de la yihad?


BOTON Headphones nar  Yoio Cuesta, “In the evening when the sun goes down”


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