Sociógenos y Antropófugos


Puestos a inventar palabras no cabe limitación alguna; junta esta con la otra, la otra con aquella, la de allí por detrás y por debajo la que quieras. Es bueno seguir ciertas normas, pero simultáneamente es estúpido pensar que el lenguaje no es algo vivo, en constante movimiento y cambio. Es un reflejo directo de la sociedad en la que vivimos. El lenguaje y su fin, la comunicación, es sólo una parte de cómo podemos manejar lo común.

La convivencia es complicada, el reparto del bien común está en el eje mismo de todos los problemas de la humanidad, desde siempre, y al igual que desafortunadamente en muchas ocasiones lleva de la mano el abuso, también las acciones moralmente más intachables tienen como eje la gestión de lo común. Los aspectos sociales son tratados de mil maneras y en todas las ocasiones, el conflicto de intereses marca el éxito o no de un avance positivo en el interés general.

Nos rodean los agentes sociógenos, que generan músculo social del bueno. Cuando un agente sociógeno es tóxico, lo llamamos antropófugo, como aquel que paradójicamente se aleja de sí mismo, cuando se comporta de forma egoísta y desconsiderada hacia los demás.


Wally atormentao

¿Cuántos sociógenos encuentras en esta foto?¿Y cuantos antropófugos?


Desde el poder se fomenta la uniformidad porque las particularidades no son rentables, lo que interesa es la masa, el mogollón que consume de forma efectiva y mueve el dinero que el poderoso reclama para sí. Así está montado el tinglado. Si queremos cambiarlo será desde dentro. Así que más que encontrar a Wally, lo difícil es no encontrarlo, porque todo ser social se mueve por mimetismo y lo que nos parece original, llamativo y aspiracional, en realidad es un invento para mover a tropocientos pardillos a buscar lo mismo.

En esta sección encontrareis reflexiones y experiencias sobre fenómenos sociales, la visibilidad de iniciativas, el retrato de tipos humanos, las tribus urbanas o no, el anecdotario social. Sociedad. Nos gusta cuando observamos iniciativas de compromiso social que nos enriquecen y nos ponen en contacto con la esencia del ser humano más puro: el que no deja a otro ser humano tirado, el que no pasa de largo mirando hacia otro lado (que normalmente es su ombligo) y con la misma intensidad que nos gustan esas acciones, nos cabrea enormemente cuando somos espectadores de una sociedad excesivamente individualista e irrespetuosa. Respeto o egoísmo patológico, un fiel axioma del antropocentrismo. O sociógeno o antropófugo. Tú decides.