Santa´s app


El otro día pedí una pizza en vez de un taxi. Los logos siempre me llevan a la perdición. Debe haber mil maneras de escribir una T, y a estas alturas sorprende que todavía se lancen logos y marcas al mercado sin hacer un rastreo de lo existente antes de dibujar tu propio logo.

Telepizza app Taksee
El caso es que el pizzero no entendía cuando le dije que me llevara a Parque Empresarial Aquel, que tenía que ver a un cliente… y él me decía que había comprado una mediana barbacoa y que me dejara de hostias, que le parecía raro por la hora, pero que le diera el dinero y en paz. Me decía que tenía que llevar una pizza a la calle Pradillo y que iba tarde y así nos la pasamos discutiendo un rato… Yo le explicaba que la aplicación nunca fallaba, que era infalible, que me había geoposicionado y que además yo no pagaba porque pagaba directamente con la cuenta de Mild One World (mi corporación) y que la app incorpora una cuenta cliente con un sistema de pago cojonudo e innovador.
Al final le compré la pizza, y le pregunté su nombre. Benigno se llamaba. Quise asociarme con él.
– No puedo deja escapar ese cliente, es revenue ¿no lo entiendes? Benigno no lo entiende, reparte pizzas.
– Reveniu es una palabra rumana ¿no? – dice Benigno
– No hay taxis, Benigno, estamos en Navidad, la ciudad está hinchada, todo el mundo se mueve y tú eres mi salvación. Tú me llevas, yo te compro la pizza al doble de su precio, te inventas una coartada y todos contentos.
Estos trucos aprendidos de los ejecutivos resolutivos de las películas no funcionan nunca, pero esta vez ocurrió: Benigno accedió. Así que me monté en la scooter, un tanto ajustado con el cajón de las pizzas, y dando más botes que un niño con pis, nos fuimos camino de mi destino. Íbamos algo destartalados por el Gran Paseo, viendo esas luces navideñas tan… navideñas, que nos tienen enchufados a este periodo del año tan súper, que para bien o para mal, no suele dejar a nadie indiferente. Algo nos da la Navidad. Dolor de cabeza también.
Nos paramos en un semáforo y se acercó a nosotros un tipo con pelo canoso y un pijama rojo que lucía un índice de masa corporal nada recomendable. Llevaba un saco y nos quería vender un paquete de pañuelos de papel. Yo le dije que no llevaba suelto, pero que tenía prisa y que con la scooter de Benigno no progresaba mucho. Le pregunté si me llevaría con esa especie de carro que tenía ahí aparcado al lado de los renos, que cuando llegáramos sacaba dinero de un cajero y le compraba el saco, pero no podía llegar tarde a la reunión que tenía con éste cliente.
“Generando revenue ¿no?” (me dijo).
“Te entiendo, yo debería monetizar mi actividad también, piensa que hay más de 7.000.000.000 millones de personas en el mundo, y todas piensan, sienten y sueñan. Cada vez que alguien sueña algo a mi me llega una alerta, y tengo miles de clientes a los que dar servicio, cuando me pongo con los elfos a recopilar datos es una locura. Apenas tengo unos pocos días para repartir todos esos sueños gratis. Necesito un Data Analytics Manager. El resto del año ando vendiendo pañuelos en los semáforos”.
Yo pensé que ese tío sabía de lo que hablaba, aunque se le veía algo mayor, y no parecía hipster, ni millenial, ni muppie, este señor maneja algo que los demás no intuimos.
El caso es que surcando los aires en un trineo de madera llegas en dos patadas a cualquier lugar. Así llegué a las oficinas de mi cliente. Me bajé y aceleré el paso hasta las puertas, aunque notaba un silencio un tanto extraño. Las luces estaban apagadas y ni siquiera estaba el chico de seguridad de la puerta. Golpeé dos veces con el puño. Chequeé de nuevo mi esmartfon. Si, era hoy, 24 de diciembre a las 7 de la tarde, una hora extraña, pero así se hace negocio, fuera de lo común. No hay duda. Entonces fue cuando me di la vuelta buscando al señor vestido de rojo para compartir la jugada, pero ya no estaba. Yo no entendía nada, ni siquiera le escuché marcharse. Enseguida me di cuenta de que estaba solo, todo a mi alrededor era una bruma húmeda, tenía los pies helados, un silencio oscuro… Notaba un escalofrío, un sonido lejano y persistente, un codazo… ¿un codazo? Un despertador, mi mujer con algún mensaje en la nebulosa, … ¡coño, un sueño!
Me duché aún algo azorado por ese sueño tan extraño. Era uno de esos días en que cuando te metes en la ducha más que despertarte tú, parece como si se durmiera el agua. Al salir de la ducha, vi que se iluminaba la pantalla de mi móvil. Un whatsapp de un tal Santi Clander.


 

No le di más vueltas… empezaba un nuevo día. Puse la radio, y me descargué otra puñetera aplicación.Santa app

so this is Christmas, and what have you done?, Another year over, and a new one just begun…

BOTON Headphones nar  John Lennon,“War is Over”

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *