Posting Jack, Cap. 2: In the heat of the night


En aquel local, la luz apenas se sostenía en el aire, iba y venía con agotamiento. En un momento entraba entre los vidrios rotos de la única ventana que se podía observar y al momento siguiente desaparecía por capricho de las nubes. Aquella cueva, un garito subterráneo, mohoso y húmedo, que había escuchado lo mejor del soul, del jazz y del funky de los últimos tiempos, se caía a pedazos…

El Indio siempre decía que el gin tonic era un invento cojonudo. Se componía, por un lado de gin y por otro de tonic, (sus huevos tenía para repetir eso cada vez que salíamos, hay que reconocerlo), y luego siempre argumentaba que eran dos bebidas que, por separado sabían a rayos, y juntas eran como un gran polvo, todo fusión, una bebida de dioses, fresquita y redonda…

Las paredes eran de ladrillo lamido por la lengua inequívoca del tiempo. Tenían un color difícil de describir, entre gris y olvido… En un rincón se veían algunas cajas con botellas amontonadas y sucias, y al fondo, aún se podía ver un piano al que le faltaban teclas y una batería oxidada, sórdida, como si fuera parte del casco de un antiguo barco hundido, encima de un escenario que apestaba a perro mojado. El barro tapaba las vidas que por allí pasaron, los besos en la oscuridad, el sexo y el gin tonic; Me tapaba a mí, me ahogaba, y me producía ganas de vomitar. Sumergidos quedaban en mis recuerdos el sonido del teclado de Clark Gálvez Jones, la voz de Mae Jade Belowski, la vibración de Lisa en manos de hot lips Milton, la guitarra provocadora de Graham D´Arnell El Indio y mis putos dedos reumáticos con el bajo que no pudieron seguir el ritmo que marcaba Jack. También sonaba sin fisuras el ritmo morboso y seductor de Gillian Dream Drummer Olean, …

…salí del “The Hidden Crow” despacio, empujé lo que quedaba de la puerta que un día fue pasaporte al cielo y de golpe me vino el recuerdo de esa última noche.

In The Heat Of The Night


 

El pobre Clark venía jadeando desde la calle, gritaba, tropezando, desencajado:

  • ¡Corred, tíos, salid fuera! ¡Es Milton, se está dando de hostias con Flick Mazas!
  • ¿Dónde está Jack?
  • ¡Que le den a Jack, hace tres días que no le veo! ¡No podemos esperar que siempre sea él quién nos saque las castañas del fuego. Esto lo tenemos que resolver nosotros! – Clark, el hombre tranquilo, piano man, tan virtuoso como soso (¿virtusoso?), sentenció.
  • Nunca te había visto sentenciar, Clark…
  • ¿Qué? Ya, no se qué me pasa, tengo ganas de romperle la nariz a alguien, nunca me había sentido así, debe ser la pastilla esa con nombre de cómic que me ha dado Milton, vamos, fuera… ¡rápido!, hay que acabar con esos gilipollas…

Al salir del local, tantos años después, me vino de frente un angustioso silencio y los sentidos se ablandaron… La composición de las lágrimas tiene que tener redondas, blancas y negras, y una clave… sobre todo, siempre hay una clave, es musical por definición. Nadie llora sin tono, tampoco reímos sin tono… Esto me hizo pensar que entre los múltiples trastos abandonados de aquel local destacaba uno pequeño y consumido: el alma de Milton.

Caía un velo suave, como una transparencia grisácea que lentamente se posa en tus ojos, y te hace mirar diferente, hablar y oler distinto. Llegó la noche que todo lo inflama, lo bueno y lo malo. De noche las conversaciones se mastican, cada palabra acompaña el calor de la ginebra y el whisky, cada gesto destila deseo y ritmo. Me fui caminando a casa, al sur de la ciudad, con la certeza absoluta de que nunca más volvería a ver aquello, ni a tocar el bajo, el reuma no me permitía vivir… todo se había ido a la mierda y así no merecía la pena continuar.


 BOTON Headphones nar Ray Charles “In The Heat Of The Night”

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