Pío Pío que yo no he sido 1


pio pio que yo no he sido 2Hablar de límites a la expresión es meterme en un traje que me incomoda. Internet es seguramente el espacio más libre y, tal vez, el más democrático que jamás ha tenido nunca la ciudadanía a su alcance y, a la vez, creo honestamente que el uso que hacemos del medio deja mucho que desear desde una perspectiva de trato humano y, sobre todo, comprensión del alcance de todo lo que decimos, hacemos y dejamos registrado en la red (para siempre, por cierto, salvo que llamemos al Señor Lobo)

Hablar de los límites en internet me hace automáticamente parecer reaccionario. Asumo esa percepción inicial, pero los crecientes casos de ciberacoso y la muerte de un conocido aparentemente debido al acoso sufrido en la red, me han desatado…

Todas las virtudes de la red están basadas en la libertad de expresión y todo ello se puede ir al carajo justamente por el abuso torpe de esa misma libertad.

Si hacemos el ejercicio de clicar en cualquier noticia, de cualquier medio digital, video de youtube, … lo que sea…. En muchísimos casos comprobaréis que la mediocridad se ha hecho con el control del clima de opinión. No hablo ya de la profundidad del análisis, dejemos esto, sino del hecho de que no pasarán los primeros comentarios sin que veáis escrito el primer insulto, vejación, ataque directo al que escribe muchas veces aludiendo a lo que poco o nada tiene que ver con el tema inicial de la noticia. Hay mucha gente que busca el enfrentamiento sin más, ese es su pasatiempo muy a pesar de los códigos de conducta que los medios intentan transmitir en la moderación de sus foros.

Junto a la libertad que nos otorga y los beneficios evidentes de la web social, surgen otros fenómenos que siempre han existido, y que ahora han encontrado en internet una ciudad sin ley y una capacidad de difusión nunca antes imaginable para algunos.

Las malas formas no son parte de un juego limpio y mucho menos parte de la libertad que se cree que otorgan. Los que profieren insultos, amparados o no en el anonimato, no son más libres sino más incultos e ignorantes (ninguna de estas palabras, por cierto, es un insulto en este contexto, pues su intención es constatar la falta de cultura y educación por un lado, y el desconocimiento de las reglas en la red, por otro). Cualquier individuo puede insultar sin límite hasta despachar su bilis, sin conocer siquiera a quien insulta, simplemente por haber expresado una opinión diferente a la suya. La conciencia colectiva hace el resto.

Por otro lado, el control externo de la red es una utopía, es lento y poco eficaz. Solo algunos casos llegan a tener éxito, después de un enorme trabajo, como el reciente caso de Lara Siscar. La red debe aspirar a su autocontrol y el éxito del mismo dependerá de nosotros, los usuarios, y de nuestra educación. Sin educación no hay autocontrol ni libertad, y la clave de todo reside, de nuevo, en educar desde la más tierna infancia en el respeto a los demás, en la diversidad y en la contrariedad. Siempre ha sido así y ahora con mayor motivo.

Incluso en los casos en los que se mete la pata de forma evidente por parte del usuario del medio, como el caso de Justine Sacco, cuando las primeras reacciones seguramente eran más que justificadas tras su desafortunado comentario en twitter, llega el desenfreno hostigador unido a la dramática ironía de hallarse volando mientras se construía su debacle (#HasJustineLandedYet) y nos hace cuestionarnos si tanta atención es merecida. Recibió su escarmiento, fue despedida del gigantón IAC. A la hora de responder en la red a lo que no nos gusta quizá deberíamos calibrar por ejemplo, si nuestro tratamiento hacia una institución pública u organización ignominiosa, debe ser el mismo que hacia una persona que ha tenido el resbalón de su vida y que (incluso) podría ser una buena persona. Por otra parte nunca subestimes el poder diseminador de un grupo pequeño de seguidores (170 tenía Justine en aquel momento). Pueden ser suficientes para demolerte. En internet no hay tiempo ni espacio para disculpas, solo para la prudencia.

Hace poco me enteré del caso del entrenador de delfines Jose Luis Barbero. Le conocí en Tenerife en 2012, junto con mi familia, en el Delfinario de Aqualand, mientras entrenaba los delfines y dirigía el programa de delfinoterapia, del que, entre otros, se benefició mi hijo con parálisis cerebral. De nuestra estancia en Aqualand, fuera del horario público, sólo puedo decir que jamás vi nada que pudiera parecerse a un maltrato animal.

Los datos son pocos y lamentables. El 4 de febrero de 2015 Sosdelfines FAADA sube un video de unos supuestos maltratos animales que ha recibido por una “fuente anónima” dando inicio a su campaña. A continuación se desencadena un imparable aluvión de insultos y amenazas, desde los comentarios vejatorios en multitud de agregadores de noticias y páginas web de sociedades animalistas, hasta una campaña en change.org auspiciada desde ¡México! ¡Qué fácil es esto de internet!¿verdad?

Unos días después aparece muerto Jose Luis (El MundoDailymail,…)

A quien pueda interesar, no estoy a favor de que los delfines estén recluidos en centros de diversión para humanos, pero menos aún de insultar sin límite a nuestros iguales y hacer el troll sin tener un fundamento sólido.

Estoy a favor del autocontrol a la hora de escribir y a la hora de comentar lo que otros han escrito y de que las fuentes no sean anónimas, sino transparentes y claras, de que nadie malgaste su tiempo en hacer sentir amenazado a otro ser humano del que no sabe nada. Es siempre deseable contrastar lo que se dice y, si no se puede, al menos ser prudente. Al contrario de lo que puede parecer, el anonimato en internet no es una ventaja, sino su principal escollo. Me gusta la libertad de la red. No al control gubernamental del medio y sí al control social, que al cabo, se basa en tres cosas fundamentales: Educación, educación y educación.

Por último, sin confusiones ni mojigaterías, si se siente el impulso de insultar, insultemos, claro y contundente, pero sólo al que lo merezca, es la forma más primitiva de protestar, de demostrar un posicionamiento. El problema es cuando lo usamos mucho, como sustituto de un razonamiento al que no llegamos y contra quién no lo merece. Si insultamos, hagámoslo con gracia y con menos saña, que se puede.


Un par de enlaces adicionales

CIBERBULLYING

FEDERAL TRADE COMMISSION (USA)


BOTON Headphones nar  Van Morrison, “Real Real Gone”

 


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Un comentario en “Pío Pío que yo no he sido

  • Pablo Iñareta

    Buenas … Es mentira, el anonimato en Internet, el Internet que todos conocemos, es una ilusión. Pensamos que dar de alta una cuenta en una red social, inventar una persona, una personalidad, etc, es posible, y lo es. Pero lo cierto es que siempre se deja un rastro. Pensar que bajo esa personalidad ficticia uno va a poder hacer cosas, las que sean, y quedar en el anonimato pone de manifiesto el desconocimiento de lo que es la red y como funciona, al menos, “Internet” tal y como lo conocen la mayoria de los mortales.
    Porque luego hay otra red, la de los malos malotes, una red a la que se accede por otros caminos, que tambien estan al alcance de cualquiera, pero que el gran publico desconoce. La red Tor es un “Internet” donde se puede comprar droga en una tienda virtual, armas, sexo, …, lo que quieras. Ahi si que no hay limite. Supongo, en cualquier caso, desconozco el funcionamiento porque nunca he entrado.
    Los que se dedican a insultar a la gente, a poner en tela de jucio a los demas, amparados en el “anonimato” que les proporciona la red son estupidos, e ignorantes.
    Lo que es cierto, es que debemos tener cuidado con el que ponemos y donde lo ponemos, porque tenemos que recordar que Internet es un escaparate al mundo, al mundo mundial :D. Aunque sólo sea por pudor. De la misma manera que debemos tener cuidado con las informaciones a las que accedemos y concederles solo el credito que merecen, ni mas ni menos, y en cualquier caso ser criticos.
    La libertad y el anonimato, estan bien, el control no es que exista, es que puede existir. Lo unico necesario es seguir el rastro, las migas de pan que uno va dejando aunque no lo sepa. Porque es cierto que las vamos dejando.