No estoy en Facebook, Estoy Aquí 1


Estoy aquí, paseando por el parque. Noto como el sol tempranero me da en la cara. Piso una mierda. Limpio la suela del zapato en el césped húmedo. Día de cielo despejado aunque un poco frío. Aún se puede oler ese particular aroma a tierra mojada, después de una noche en la que estuvo lloviendo muchas horas. Al menos a mi me parecieron muchas horas. Escuchaba las gotas golpear contra las persianas, plip plop al principio y luego con fuerza amenazadora dum dum zasca zasca. Recuerdo ese momento exacto en el que te recoges, estiras los músculos y te aseguras de estar resguardado dentro de la manta, la que proporciona abrigo y seguridad. El calorcito.

Las sensaciones que nos esperan cada día son muchas y se disfrutan o sufren con intensidad, gracias al contacto con otros seres (incluso humanos) y a la empatía con el entorno. Describirlo es como vivirlo una segunda vez, de forma sabrosa, es una gozada detenerse en cada detalle, olor, sabor, presión, sudor…

Estoy aquí y huelo, toco, veo… Siento. Soy un webotrónico y tal vez sea por eso que nunca llego a sentir lo mismo cuando me paseo por las redes sociales que cuando me tomo una cerveza con un amigo no virtual y comparto sin dar a ningún botón cualquier conversación que nos motive. En Facebook siempre tengo la sensación de rapidez, precipitación, superficialidad, y mucha falta de creatividad por parte de los repartidores del contenido creado por otros. Cada vez parece más un mercadillo como los que se montan los domingos, donde la ropa está amontonada, comentada, manoseada, compartida, mezclada y adjuntada con alimentos y chismes inútiles de calculada caducidad. Esas montoneras de los puestos ambulantes, en los que los botones ME GUSTA están perdidos en cajas con alfileres, agujas, dedales y pamplinas.Ojofacebook2

Unos crean contenido y otros lo distribuyen, se adhieren y fijan su afinidad, a mi parecer de forma algo alocada. Sigo prefiriendo la charla, mirar a los ojos, observar los gestos y el tono de voz. Si algo me gusta lo digo a la cara, y si no me gusta, pues también. ¿Dónde está el botón NO ME GUSTA en Facebook? Falta una parte de la realidad.

Hoy he bajado a por churros y porras. Saludo a Felix, el churrero, que el hombre lleva preparando este momento desde la madrugada y bien merece una sonrisa y un agradecimiento. Un like. ¡Madre mía cómo huelen los churros y las porras! ¡Cómo cala ese aceite en la bolsa de papel! Qué gusto. Otro like.

Las nuevas formas de relacionarnos no me ponen, tienen lo suyo, pueden ser ventajosas para algunos objetivos y al final el éxito depende como siempre del uso que hagamos de ellas. Pero no me ponen. Tengo que decirlo, me da por saco que me feliciten el cumpleaños por whatsapp o con un mensaje de facebook. Cuando esto ocurre tengo la sensación de que he sido una tarea cumplida. A alguien le ha saltado un aviso, “hoy es el cumpleaños de patatin” y entonces, en el mejor de los casos, hace un reply poniendo “feliz cumple”… Aún hay que agradecer que el mensaje no sea “Asunto: Te felicito. FYI.” Si no lo hacen ya, en breve desde la propia red social nos ofrecerán una respuesta automática a elegir, del estilo a las que podemos personalizar en el móvil.

Mensajes

Algunas personas que nunca jamás me llamaron para felicitarme, ni cuando tenía 6 años y había promesa de chuches ni cuando tenía 22 y la promesa eran cañas, me escriben ahora, sin fallar, minuciosamente, el día de mi cumpleaños. No, no pienso que sea mejor eso que nada. Pienso que lo mejor es recibir una llamada o dejarlo correr, que ya nos entendemos. Aprecio enormemente cuando alguien decide dedicar algo de su tiempo a hablar con uno, a escuchar tu voz en vez de escribir un mecánico mensaje.

Hace unos meses de nuevo un caso extremo me zarandeó el pensamiento desde las redes sociales y me hizo cuestionarme si con el uso sustitutivo, práctico y rápido de la vida conectada no estaremos perdiendo cosas importantes en el camino.

Un antiguo compañero del colegio, con el que nunca había tenido mucho trato y del que desconocía su trayectoria desde los años escolares, se había quitado la vida. Superado el shock inicial que siempre te producen estas noticas, pude descubrir que este chico mantenía un blog, que lo había pasado mal en los últimos años y que aún todavía andaba angustiado. No se más, no puedo valorar más, ni realmente es relevante porque lo que de verdad me chocó fue como se sucedieron los comentarios en twitter que él nunca leería, las muestras de consternación, pésame, cada palabra de aprecio, suspendidas en la red, como ropa mojada, que el tiempo secaría y el aire terminaría por llevarse lejos. Un perfil borrado a tiempo se ha encargado de dejar a cada uno en su sitio: Las redes moviéndose como pollo descabezado y a los que se fueron, paz y la liberación de tener que retuitear lo que suceda en el más allá. Eso sí sería un puñetero trending topic.

Bajo mi punto de vista las redes sociales tienen mucho más de positivo que de negativo; han venido para quedarse, no van a desaparecer, aunque se transformarán y adaptarán a nuevas realidades, pero a nadie escapa que incorporan un fuerte componente de ficción que puede derivar de forma indeseada en el momento en que se confunde con la realidad.

Este corto, bien sobadito ya, expone de forma clara (aunque un tanto alarmista) ese extremo de confusión al que algunos pueden llegar. Muchos lo conoceréis, los que no… buena señal. Aunque utilizo la red como tantos otros, me alegro de no tener ninguna duda: Estoy aquí, no estoy en Facebook.


BOTON Headphones nar  Pink Floyd,“Wish You Were Here”


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