El mejor año de mierda de nuestras vidas 2


Sin duda: un año de mierda. No importa desde cuando quieras empezar a contar. El relato no está escrito en pasado porque nunca acaba y es difícil soñarlo en futuro porque el final nunca llega. Más bien es un cansino presente, una acción continua doblegada por el peso de los números y las estadísticas que esconden detrás tragedias personales además de la perversidad de la costumbre, cuando una cifra cambiante de contagios y muertos termina formando parte de nuestro día a día y nos lleva de forma inconsciente a normalizar lo inadmisible. Siempre digo que el futuro es el presente que está por llegar y es más saludable centrarnos en lo que vivimos cada día, porque en el resto tenemos poca mano. 

Llevamos demasiado tiempo surfeando por las sucesivas olas de pandemia y empezamos a estar muy cansados. Aún así, si eres de los que no ha tenido un episodio clínico grave o la misma muerte no se ha acercado a tu puerta, puedes sentirte afortunado. Lidiar con el aburrimiento, la mascarilla constante, teletrabajar o aguantar niños en casa hasta el pre-suicidio, el desgaste mental e incluso si lo económico nos afecta pero aun tenemos fuerza y recursos para rebelarnos, es estar en el lado amable de la historia y no debemos olvidarlo. Hay muchas personas pasándolo muy mal.

                           La Gran Ola de Kanagawa (Katsushika Hokusai)

La primera ola pensábamos que era la más grande, y la recibimos estupefactos, destartalados, como algo que iba a ser pasajero, que intensificaba nuestras vidas, nos erizaba el cabello y nos generaba efervescencia por dentro, fue la ola de los aplausos a quienes formaban la primera linea sanitaria, y la de los que aprovecharon para enturbiarlo aporreando cacerolas. No todo es política. Dicho sea de paso, los sanitarios merecen, como otras profesiones, nuestro respeto y admiración lo mismo ahora que antes de la pandemia.

Esta fue la ola sorpresa y muy loca que nos hizo acudir en masa a comprar papel higiénico y levadura. Rollos de papel, retos, aplausos, memes y guasa, pura terapia. Cagar y hacer mucho pan, esa era la consigna, e intentar hacer algo chisposo y creativo en nuestro encierro. Con todo, la parte positiva es que muchos aprovechamos tanto tiempo en casa para terminar algunas cosas que esperaban su turno, iniciar otras que teníamos postergadas, en definitiva, revisar cajones,… los del despacho y los de la mente. De todo ello estoy convencido que puede salir algo bueno, las revisiones tienen una parte catárquica y suelen concluir con un balance positivo, aunque lo revuelvan todo. 

El encierro ha sido, es, y seguirá siendo duro y desigual, donde caben muchas formas de plantearnos nuestra vida diaria en función de las condiciones de nuestra vivienda, si vives solo o acompañado, estilo naúfrago o carcelario, etc… cada uno se adapta como puede. Necesitamos como terapia alejarnos de la conciencia de estar viviendo una tragedia. En mi caso, mis hijos me centran en el presente de forma brutal (una de esas fantásticas características de los niños), eso ayuda, aunque todo se ha vuelto tan raro que al final nos afecta lentamente. Nos notamos distintos y terminamos haciendo cosas imprevisibles como pintar un cuadro, teletrabajar con niños encima que agitan de forma convulsiva los brazos, meternos en harina, bailar de forma absurda, y un confinado etcétera.

Creo que cabe exigir explicaciones a nuestros dirigentes sobre la información recibida (me faltan imágenes) y el patrón mimético que seguían los medios, sobre los vaivenes en los criterios y recomendaciones y la falta de consistencia. Por no hablar de la fiesta del estado autonómico, cada uno con su botella. En mi opinión un desprecio a nuestra inteligencia por parte de un desorientado gobierno y una atolondrada oposición. Creo que hay que empezar de una vez a dejar espacio a decisiones más ingeniosas basadas en lo posible y no tanto en lo probable sustentado en la experiencia previa. Eso es mejor que escuchar a los que nos regalaron su sabiduría e impecables modelos basados en el big data, y que decían haber advertido a nuestros descreídos dirigentes. En adelante, si alguien tiene de verdad una predicción seria sobre lo que nos va a pasar en el futuro, sería muy de agradecer que lo divulge de forma pública y notoria antes de que ocurra, sin dejar detalle ni sombra alguna en su vaticinio, para que nadie pueda darse por no advertido. Si no lo van a hacer así, dejen de tocarnos los huevos con todo lo que sabían y que nadie escuchó. 

                                               The Wave (Shanghái) Lacime Architects.

La segunda ola nos animaron a cogerla antes de su llegada, literalmente fue un «vayánse a la playa que aquí no pasa nada». De un momento para otro, el discurso cambió y todo iba mejor. El verano llegaba, tra lá lá y la economía apretaba. Una estúpida inconsciencia invadió a nuestros políticos que de alguna manera nos animaron a seguir surfeando. El modelo económico que tenemos es el que es. Necesita estar en permanente funcionamiento y creciendo para que se sostenga. Cabe pensar si no es ahora precisamente un momento para plantearse si éste es el único modelo posible, o si el progreso tecnológico es la solución para resolver los problemas que el propio progreso ha generado, por ejemplo, pero mientras no encontremos otra alternativa, no podemos bajarnos del autobús en marcha, porque el riesgo es evidente. Este año de mierda está demostrando que es imposible el equilibro entre hacer lo indicado desde el punto de vista sanitario y lo necesario para que no nos ahogemos y podamos mantener el bienestar que tanto esfuerzo ha costado conseguir.

Como cabía esperar la ola llegó a la orilla en otoño y de nuevo arrasó, y ya no hubo aplausos, ni papel higiénico, y el porcentaje de personas haciendo pan y bollos en su casa descendió a medida que nuestra resiliencia se agotaba ante multitud de medidas contradictorias y un horizonte incierto. Yo creo que, salvo que seas pastelero, nadie está preparado para estar haciendo bollos 14 meses.

Y los niños volvieron al cole… 😀  

Y los niños volvieron al cole… 😀 😀 

Y los niños volvieron al cole… 😀 😀 😀 

Después llegó la tercera ola, estaba ahí, detrás de Filomena, congelada al parecer, porque nadie habló de ella en tres o cuatro días, lo que duró el temporal y nuestro recreo. Aún estamos surfeando la tercera. Seguramente la más dura, donde se baten los tristes records de la desesperanza pero sin embargo podemos acudir a mitines políticos y a votar.

A los que dicen que éste es un año para olvidar, yo les digo que ojalá no lo olvidemos nunca, por lo que tiene de significativo, de humano y de miseria. Porque se está viendo lo mejor y lo peor de nosotros. Al 2021 se le está cargando de responsabilidad, tiene que ser el gran año de la vacuna y la remontada, ojalá así sea, aunque tal vez, por si acaso, bueno será ir calentando que lo mismo seguimos con el agua al cuello, marejada.

2020 ha sido un gran año, un año de mierda inconmensurable en el que todos tendremos la oportunidad de aprender qué es lo que importa en la vida, las pequeñas cosas que nos hacen sentir. 

Se ha dicho y escrito mucho, humano y sincero como nunca, y también vergonzante como siempre. Si aún no estáis cansados, echadle un ojo a la verdad («2020» de Hernan Zin), la poesía y la emoción («2020. un año diferente») y la capacidad para reírnos de nosotros mismos («Death to 2020»), aunque si os soy sincero, cada minuto me cuesta más escuchar y mirar todo lo que huela a pandemia, porque éste es también el año del hartazgo. Ya me cansé de tanta información, agotado de documentales, noticias y de este post que aún no he publicado. Quiero hacer un avioncito con la puta mascarilla y recuperar lo que quede de mi vida anterior. Solo quiero abrir esta botella de vino y mirar a mis perros que no saben a quién estoy hablando cuando gesticulo yo solo. Quiero dejar la tabla un rato en la arena y descansar.

Somos humanos, hay magia en mi, y en ti… hay magia en nuestro litoral. Aprecia cada segundo, aprovecha para decir más te quiero y ahora que la mirada es un rasgo que destaca, busca la belleza en los ojos de los demás. Si el destino no te gira la cabeza y te obliga a mirar a los ojos de la muerte, eres afortunado. Quizá ahora nos sentimos más frágiles, eso nos hace fuertes. No olvides. Se paciente. Ama. Sigue surfeando porque no queda más remedio, pero piensa que nos hemos hecho más humanos.

 


BOTON Headphones nar

Jack Johnson «You and your heart»


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

2 ideas sobre “El mejor año de mierda de nuestras vidas

  • Alfons

    Que bonito y reflexivo, Jorge!
    Muy bien retratado ese “ano de mierda” con la mirada puesta en este año de esperanza.
    Esperemos que así sea, pero el inicio con Filomena no parece prometedor. ¡Ojalá cambie y pasemos de los bocatas de Mortadela a los de jamón!
    Abrazo,

  • Ana Pozo

    Hartazgo. He disimulado durante un año y ya me he cansado hasta de disimular que estoy harta. Autoencerrada en casa ya casi por decisión propia porque no quiero acostumbrarme a estas relaciones virtuales de «te dejo que a las 10 tengo que estar en casa. ¿cenamos a las 7?» en terraza aunque haga menos 2 grados y vecinos que denuncian a mi hijo porque ha invitado a 5 amigos a pasar la tarde en casa porque fuera hace un frío que pela y son «desalojados» por la policia, tras la correspondiente llamada a sus padres porque son menores, a las 7.30 pm. Estoy harta. ¿Se nos va a olvidar vivir después de centenares de normas ilógicas que van a desaparecer?

    ¡Hala, gracias Jorge! ya me he deshogado gracias tu texto. Besos 🙂