Juguemos con las Etiquetas 4


Etiquetas de colores una fila

 


Ama, trabaja. Plasma las palabras, hazlas balas, saca las garras.

Canalla, las carcajadas sabrán saladas.

Vas a dar la campanada, camarada.


(NACH – EFECTOS VOCALES)

Rap experimento que desmonta mi frase favorita últimamente de que esta generación de jóvenes se define por la apatía. Se la escuché a un profe, me he apropiado de ella y la repito en cuanto alguien se me pone a tiro como si fuese palabra de ley:

“los jóvenes de hoy en día están instalados en la apatía”

Hhmmm, sin embargo, tras las crestas, los piercing, las gorras, los pelos largos, el maquillaje de diario que parece de Halloween, la timidez, la pose, la chulería, entreveo ilusiones y ganas, muchas ganas. Sí, sí, definitivamente, en sus palabras, no sólo en los rap, se lee lo que se tiene que ver en gente joven, GANAS, nada de apatía, no, no.

Así que me pregunto, ¿por qué nos gusta tanto simplificar la vida con etiquetas?

De lo más general: que si las rubias todas tontas; los reyes de la noche todos superficiales; los negros, todos pobres; que si los músicos, todos drogatas, ¿y los clásicos? todos aburridos; los religiosos, meapilas;  ¿con escote? va buscando guerra; ¿soltera? algo raro tendrá; ¿con cochazo? ¡vaya creído!; norteamericanos, prepotentes; los franceses, chovinistas;  ¿y los moros? unos vagos.

Esto aparcando alguno de los estereotipos más feos y cortos de mira/ machistas/ racistas/ humillantes/degradantes, que no suman nada sino que destruyen.

También etiquetamos en lo más cercano: Ana, seria; Luís, tirano; Juan, malote; mi cuñado, un peñazo; mi hermana, a su bola;  los del partido X, jamás tendrán razón en nada; los del Y, en todo; mi hijo ¡qué listo! ¿el otro? ¡qué simpático! …  iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, ¡me chirría!

Conste que comprendo que meter en “cajas” al personal nos ayuda a entender el mundo que nos rodea y a relacionarnos. Nos da seguridad ese análisis superficial de las reglas del juego para sentirnos cómodos.

Tenemos de qué hablar. Bueno, siempre que seamos conscientes en todo momento que se trata de una simplificación, que la etiqueta tan fácil se pone como se quita y que nos vamos a perder matices muy enriquecedores si no la aparcamos.

Así que propongo un juego para estas navidades: Intercambiemos etiquetas.

De forma radical y absurda. Así, por el efecto péndulo, de extremo a extremo, quizás después empecemos el año en un razonable punto intermedio.

Qué listas son todas las rubias; qué mal bailan los africanos; qué interesantes todos los porteros de discoteca; qué simpáticos los taxistas; qué amables las cajeras; qué animados los japoneses; cómo me gusta lo que me cuenta mi cuñada; ¿los alemanes? muy flexibles; ¿los políticos? agentes de cambio social. Mi hermano, un amor.

No lo pretendía pero me está quedando muy sarcástico. Es un juego. Empezaré en serio con una de las mías:

“los jóvenes de hoy en día LE ECHAN MUCHAS GANAS”

Dad la vuelta a vuestras etiquetas y contadnos qué tal.


Ama, trabaja. Plasma las palabras, hazlas balas, saca las garras.



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4 Comentarios en “Juguemos con las Etiquetas