¿Hasta dónde puede entrar un conejo en un bosque? 2


Conejo Alicia

Luego os la contesto, así al menos me aseguro unos renglones más de vuestra lectura


Mi amigo Jorge, desde Controwebsia, me ha invitado a escribir unas líneas sobre temas que nos abran al menos la oportunidad de discusión y yo he decidido dedicar estos minutos, estos renglones torcidos, a hablar sobre los asuntos de la vida, no de la cotidiana y sí de la reflexiva: la filosofía, los sueños, los “otros sueños”, el amor, el amor divertido, la esperanza, el trabajo, la familia, lo que fue, lo que pudo ser, los “ysis” que no cumplimos, etc etc..

Lo hago porque viendo los colegas que están al otro lado de estas páginas, meDiablo simpático veo campeón en años y hay por ahí un refrán feo pero cierto que dice “Más sabe el diablo por viejo que por diablo”, feo por la palabra viejo que suena despectiva y decisiva en el curso de la vida. Así que lo he cambiado por “Más sabe el diablo por ser algo mayor que por diablo”.

Superado por tanto el diablo y en un contexto más amigable, me veo capacitado para flexionar y sobre todo reflexionar sobre el curioso arte de vivir y además atreverme a dar algunos consejos que sólo tienen la validez de decir que yo los seguiría si volviera a nacer, algo me temo, poco probable.

Decía Ernest Hemingway: “Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar” pero también decía Ingmar Bergman: “Envejecer es como escalar una gran montaña; mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena” por tanto no es hora de callar, es hora de contar.

Y para abrir boca, mente, o pensamiento sobre la vida aquí llega nuestro amigo el conejo:

Bosque

Un bosque es como la vida, muy atractiva pero llena de misterios…

“SOLO SE PUEDE ENTRAR EN EL BOSQUE HASTA LA MITAD, PORQUE LUEGO YA SE SALE, NO SE ENTRA…”


Aceptando bosque por tanto como vida, de la que se entra con entusiasmo pero sin saber de qué va y se va saliendo con conocimiento pero sabiendo que es finita, a lo largo de mis, qué miedo da decirlo, 61 añitos de nada, he catalogado varias etapas sobre la percepción del tiempo a lo largo de nuestros años:

La niñez, sin duda, el arte de la inconsciencia y por tanto la etapa más feliz, más divertida, donde nadie duda de que el tiempo es infinito porque la muerte como tal no existe. Siguiendo la paradoja es el momento de entrar en el bosque y todo es nuevo, los olores, los animales, bonito de día, misterioso de noche…

Desde los 15 hasta los 35: tiempo de aprender, etapa vital pero donde se comenten tantos errores por creer que ya sabes todo del bosque, que eres el amo del mundo y es cuando aparecen otros personajes (el lobo entre ellos), otros obstáculos (pantanos, arenas movedizas) que son los nuevos maestros de la vida. (Tiempo de “porrazos”)

El punto de inflexión: 36/40 años. Ya no entras en el bosque, sales. Yo lo descubrí leyendo “El péndulo de Focault” complicado peñazo (no conozco a nadie que lo haya terminado) que me hizo pensar en que no tenía tiempo que desaprovechar, que era finito. Esa reflexión se generalizó y decidí que tampoco había tiempo que perder en ver malas películas, malos libros, malos amigos, etc…

35-50: Yo creo los mejores años de la vida porque conoces el bosque y te sabes manejar en él. Ya sabes discernir qué camino elegir a la hora de tomar decisiones y ya te rodeas de los personajes que te convienen y rechazas o al menos lo intentas los que no son buenos compañeros de viaje.

Y los 50 te dan madurez, pero son los 60 los que te permiten dar otro punto de vista a la vida. Aunque sea algo animal decirlo, te permiten preparar la maleta y dependiendo de cómo la prepares tendrás buenos o malos años: Si la haces desde la desesperanza sabiendo que se acaba serás un señor mayor amargado, si la haces desde el disfrute, desde saborear lo que queda serás un señor mayor feliz. Como decía André Maurois. ”El arte de envejecer (el arte de ser un señor mayor) es el de conservar alguna esperanza”.


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