El líder de la vara


Si se fijan bien, desde la antigüedad hasta nuestros días, la función del liderazgo o jefatura ha ido unida por lo común a algún tipo de artilugio en forma de “vara de mando”. Además, dicha vara, en función del contexto y del tipo de actividad de liderazgo, tiene una forma, tamaño y textura bastante alineada con la función para que está concebida.

Interpretaciones freudianas aparte sobre el símbolo en cuestión (objeto de chiste fácil y de psicologías del todo a 100), me voy a dedicar a analizar los principales tipos de varas de mando en la actualidad y sus vinculaciones con tipos de líderes/liderazgo, que sin portar físicamente la vara, sí que es cierto que su liderazgo se asemeja a la profesión o función de la persona que la lleva.

Daniel Baremboim

Daniel Barenboim

En primer lugar tenemos la batuta del director/a de orquesta. Es propia de líderes que saben marcar el acento, los tempos y la expresión del trabajo. Hay algunos más rígidos en la dirección y otros que permiten más rubatos y libres interpretaciones.

Luego tenemos el báculo del predicador o pastor. Es lo que se llama actualmente el líder espiritual. Está bien si esa espiritualidad está basada en la ética y los valores humanos, pero si es una espiritualidad radical e inflexible, no abierta al diálogo y que además hipostasia (= diviniza) al cargo, que acaba estando por encima del bien y del mal, es para cambiarse de empresa.

También tenemos la vara del “tío de la vara” (personaje de José Mota). Es el típico justiciero/a y castigador que resuelve los problemas y trata de enderezar a su gente a palos. Por supuesto no me refiero a palos físicos, pero sí a palos psicológicos. Este tipo de liderazgo debería desaparecer.

Luego tenemos la porra del policía. Es parecido al anterior pero más sofisticado, Porra Poli2y además con cierto derecho a ejercer determinado tipo de acciones de presión y mantenimiento del orden “en determinadas circunstancias”. No sé por qué, pero me da la impresión que en época de crisis estamos perdiendo la empatía en el liderazgo y nos estamos volviendo más insensibles de la cuenta.

Por otro lado está la varita mágica, del que es capaz de hacer trucos, del ilusionador, del que hace desaparecer los problemas… Está bien si utiliza su magia en sentido prosocial, pero también se puede utilizar para enmascarar la realidad.

También tenemos la fusta del jinete. Es el que se sube encima de los demás y les arrea para que trabajen más rápido y en el menor tiempo posible. Prefiero el método de la zanahoria, al menos recuerda más a una motivación atractiva que reactiva.

La pértiga del saltador. Es propia de un liderazgo hábil que se pone metas cada vez más altas. Lo mismo podemos decir de la jabalina, propia del que quiere llegar cada vez más lejos.

El cetro consiste en una vara o bastón más bien corto, de materiales nobles y que termina en alguna figura simbólica. Desde la antigüedad lo han usado los jefes de muchas culturas. La vara de alcalde, por ejemplo, es un tipo de cetro. El caso es que actualmente el cetro no tiene más función que la ornamental y visual (lo lleva el que manda) en algunos actos públicos. Una cosa es llevar el cetro y otra saber liderar.

mandoEl mando de la televisión. Sí, sí, el que tiene el mando es el que manda. Es la versión moderna de la vara. Es el que elige lo que hay que ver y lo que no, y además tiene un montón de botones y posibilidades…. Pero como su nombre indica, es un mando “a distancia”, cómodo, propio de un liderazgo de despacho y sofá.

De todos ellos, yo me quedaría con una mezcla de lo siguiente:

• La batuta para afinar, empastar y dar expresividad y emoción a la sinfonía de motivaciones, valores y necesidades de tu gente.
• La pértiga para buscar la excelencia y saber saltar con habilidad los obstáculos de todo tipo que se interponen en tu camino.
• La varita mágica para sacar el ingenio e ilusionar a tu gente en tiempo de crisis, para innovar y ver soluciones donde otros no ven nada.


El Gran Dictador – Charles Chaplin (1940)

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