¿Cual es la distancia mínima para sentir? (Mal Trago, Parte 3 y última)


En dos ocasiones anteriores, escribí sobre el tema desgarrador del terrorismo extremista islamista.

El Tablero de los Muertos (Mal Trago, Parte 1)

Souffle de Odio y Fracaso (Mal Trago, Parte 2)

Esta es la tercera y última, porque la impotencia me limita el aire y las palabras ya no brotan con la misma ligereza.

Apenas dos semanas después del último atentado en Estambul (41 muertos) y menos de una semana del último atentado en Irak (al menos 213 muertos) del que algunos puede que no tengan ni recuerdo (¡y hace sólo una semana!) esta pasada noche le tocó a Niza, a los asistentes a la celebración de la Fiesta Nacional francesa, con una puesta en escena grotesca: un camión de gran tonelaje que se lanza en zig zag contra la multitud, como una segadora, causando destrozo y dolor por donde pasa. Terrorífico.

Hay que visibilizar más que nunca nuestra indignación, y a la vez tener muy claro que vamos muy jodidos. Sean lobos solitarios o comandos organizados, hayan recibido entrenamiento específico en Siria, Irak o Mordor o solo cursos online para matar; Sean simplemente asesinos múltiples que han encontrado el argumento perfecto para saciar su irracional sed de sangre o locos airados sin argumento ninguno, vamos jodidos. En el momento en el que no hay un enemigo conocido, sino que nuestro enemigo es una doctrina, un concepto, una aberración mental y cultural, un manual del odio desperdigado por el mundo y que además tiene como principal característica que sus ejecutores no ponen precio a su vida, no hay nada que hacer, sino temer. Y eso justo es lo único que no debemos hacer, ese es el espacio que quieren violar: la última libertad para decidir NO TENER MIEDO y seguir con nuestra vida. Además habría que inventar otra palabra que no fuera guerra, una que defina realmente esto que está ocurriendo, y que se ajuste a la realidad.

Daesh tiene toda una infraestructura eficaz, que capta a jóvenes cercanos al islam radical en barrios de ciudades europeas, y a otros cuantos zumbados europeos sin ese origen, estadounidenses, australianos,etc, que ni siquiera conocen el islam, pero de alguna manera odian el modelo de civilización que sus padres les han brindado. No existe una solución única porque no existe un único problema. Es un complejo problema poliédrico que exigirá soluciones polifacéticas. De lo contrario, lo único que nos queda es seguir con nuestra vida y tratar de evitar la natural y humana reacción de mirar hacia atrás de vez en cuando, cada vez que escuchemos un sonido hueco o veamos una mochila aislada. Mirar de lado a todo el que profese el islam o tenga rasgos identificativos sospechosos, no vaya a ser ese sea justo un día señalado para nosotros.

Niza

Niza

Bagdad

Bagdad

Estambul

Estambul

De todos los efectos que causa el terrorismo, la inmunización es de los más atroces, el que más perjudicial puede resultar a largo plazo. El que siempre hay que evitar. Pertenezco a una de las generaciones que le tocó vivir el horror de los atentados terroristas desde la niñez, recibiendo noticias sobre la pérdida de vidas inocentes con desgraciada cotidianidad, en este caso provocadas por la banda terrorista ETA, y como otros muchos, fui testigo de esa anestesia cuando la situación estaba cronificada, de forma muy nociva y destructora para nuestra sociedad.

Esto mismo está empezando a ocurrir con estos salvajes atentados del Daesh. Hoy escuchaba a una superviviente del atentado en Niza que relataba por la radio como lo que más le sorprendió era ver a mucha gente grabando con el móvil a la vez que corría desconcertada para salvar su vida. Este es un comportamiento kafkiano, es la tecnologización del drama. Ni lo critico ni dejo de hacerlo. Simplemente me sorprende como unos quedan paralizados y otros se transforman en reporteros de guerra por el hecho de tener un móvil en las manos. Debe ser algo a lo que toca acostumbrarse y supongo que en realidad son testimonios muy válidos para dar fe de los hechos y tal vez ayudar en las investigaciones, pero a mi me cuesta asumirlo como un gesto natural del ser humano. Puedo estar equivocado, pero me parece más una suerte de deshumanización

Así pues se trata de medir la distancia desde la humanización a la inmunización.

¿Cuál es la distancia mínima para sentir y no quedar inmunizado? ¿Bruselas?¿Niza?¿los aproximadamente 2000 km que separan Niza de Estambul o los 2000km que separan más o menos Estambul de Bagdad?

No lo sé. Quizá llegue el momento de medirlo con dosis de empatía, venga de donde venga el dolor. La distancia más corta para sentir, es intentar ponerse en la piel del otro sin conseguirlo jamás. Tan corta como la de un beso, un abrazo, un apretón de manos, un saludo desde la otra acera, una llamada de teléfono, un whatsapp, un mensaje en facebook o una letras escritas a mano en la tarjeta de unas flores…

flores niza

Cuando eres espectador de esta brutalidad, cuando decides mirarlo de frente, en toda su crudeza, aparte de encontrar los límites de tu estómago, sientes que no puedes mantenerte al margen. Ningún ser humano que quiera vivir en paz y ame su libertad puede pasar de largo.

Por eso se mezcla todo, y en mi cabeza flotan las cosas más variopintas, desde las dudas sobre la financiación de la yihad hasta mi perplejidad por la actitud de Mediaset y su espíritu basura, que no interrumpe su programación y continúa emitiendo su mierda de Supervivientes o una de esas mamonadas mientras desde otros rincones tratamos de entender qué está pasando en nuestro mundo.

Voy a intentar que ésta sea la última vez que escribo sobre este tema porque me altera.

La distancia mínima para sentir es la que va de la cabeza al corazón… unos dos palmos y me temo que es la que se nos hace más difícil de recorrer. Aferraos a las sensaciones de vuestros sueños, la vida es todo aquello que lo rodea y mola menos.


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