Ciudadan@ que asombrosamente lleva unas gafas con las que ve 1


El martes pasado fui a hacerme el reconocimiento médico. El reconocimiento es uno de esos actos, en principio inofensivos, que realizas sin pensar y que a futuro te puede traer más consecuencias negativas que positivas. Tú te apuntas a hacértelo porque lo hace el resto de la empresa y no quieres quedar como el tío raro de la oficina que no quiere hacerse un análisis de sangre porque.. “A saber todo lo que se ha metido éste de joven para no querer ahora que le saquen dos tubitos”.  Es exactamente lo mismo que te pasó cuando en esa noche de verano todos tus amigos habían ligado, y tú, por no ser menos, te enrollaste con esa chica en la discoteca del pueblo, así a lo loco, y resulta que llevas 20 años casado con ella por no saber decir que no en un momento determinado. Actos irreflexivos con consecuencias impredecibles.

No conozco a nadie en el mundo al que el reconocimiento médico de la empresa le haya traído nada bueno.

En el mejor de los casos te quedas como estás, y en el 98% restante, tras un diagnóstico consistente en “abdomen blando y depresible, sobrepeso nivel 1” comienzan los “daños colaterales”: Tu mujer diciéndote “Ves, ves, que no me haces nada de caso, tanta cerveza, tanta barbacoa, tanto bocadillo de chorizo, todo el rato tirado en el sofá cuando llegas a casa…”, y de ahí a cenar pescado cocido, desayunar muesli con soja y comprarte unas mallas Kalenji del Decathlon, hay sólo un paso.

También estos reconocimientos muestran cómo ha evolucionado la medicina preventiva. Recuerdo que mi padre me contaba que compañeros suyos llevaban la orina en botellines de Mahou, que no deja de tener su gracia, pero el colmo del reciclaje medico “ochenteril” llegaba con los que lo traían en botes de cristal de mahonesa bien tapaditos. ¿Qué diagnóstico le darían a esa persona? Supongo que le ingresaron en el 1985 y allí sigue, entubado y olvidado en una vieja habitación de hospital.

Pero no querría yo despistaros con historias que no vienen a cuento y que solo sirven como introducción  para la reflexión que os quiero plantear:

gafas¿En que momento nos dejamos de sorprender de las cosas que son “normales”?

Una de las fases del reconocimiento que pasas es que te regulen la vista. Allí estoy yo, tapándome un ojo y leyendo hasta la última línea, alucina. Pero esto no tiene mérito porque llevo gafas desde que tengo 9 años. Lo gracioso de todo esto es que me dice la doctora “¡¡Qué bien graduadas tienes las gafas!!!, como si eso tuviera mérito, como si lo normal fuera que el oculista te pusiera dos dioptrías de menos por ojo solo por hacer la gracia y no hacer bien su trabajo y lo “extraño” fuera que el diagnóstico sea exacto.

Esto me lleva a reflexionar sobre otras múltiples situaciones del día a día en las que nos sorprenden actitudes, en principio muy normales, pero que las teníamos totalmente olvidadas,… ¿Por qué nos sorprende que el servicio de atención al cliente sea rápido y solucione tu problema o que un camarero nos traiga a la primera todo lo que le hemos pedido?

Me da a mí que la cultura del “Todo gratis” tan instaurada y bien valorada en nuestra sociedad, nos ha hecho evolucionar hacia otra fase del “Todo vale” con la que ya no deberíamos conformarnos.

 


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Un comentario en “Ciudadan@ que asombrosamente lleva unas gafas con las que ve

  • alejandro turnes

    bienvenido Ricardo

    Con tu presencia el market share segoviano de este blog se dobla en un plis plas wauuu

    ahora a dejar el pabellon bien alto

    salut