Buenas migas


No hay ninguna duda de que la comida tiene algo especial. Atesora una estética, un ritual, una promesa sensorial que despierta los sentidos. Dentro de una casa la cocina es probablemente la estancia con más alma, donde al final se cuece todo, la actualidad, la contrariedad, la alegría, la sal y la pimienta. En la cocina se dora, se saltea, se glasea, se trocea, se pica, se muele… Si es necesario, se despelleja, se despluma, se golpea, se remoja, se mecha, se chupa, se lame, se deshuesa, se saborea… La cocina, continente y contenido, es un sumario de la vida misma.

Buenas Migas Montaje

Podemos cocinar a fuego lento o dar un fuerte golpe de horno. Hervir lo que se piensa o dejarlo reposar. Cocinamos lo que queremos, como mejor nos parece, acompañados de buena conversación cuando hay suerte o de vino y reflexión si no andamos con compañía, o de vino y conversación a la vez, festín de la palabra. En la cocina se vive con calor y se conserva con frío.

Al final todo se resume en unas cuantas recetas y un puñado de recuerdos guardados en frascos de cristal, que cuando se destapan, inundan de olores únicos nuestra mente, en ese aroma que nos conecta con la niñez, la familia, los amantes confitados y la cocina, aquella cocina. Por eso no podemos dejar que nadie nos lo quiera dar crudo, sin preparar, sin buenos ingredientes. Gato por liebre no, que se nota. Reflexión y… bon appétit.